Thousands have lived without love, not one without water.
W.H. Auden
Nunca me ha preocupado el quedarme sola, en el sentido de no tener una pareja con quien compartir mis sueños bizarros, procrear nuestros engendros y gastar nuestras pensiones de jubilación en clínicas del IMSS. Cuando me imagino a mí misma dentro de 20 años, no importa la cantidad de escenarios que ponga en mi mente, no hay un novio/esposo por ahí; si de casualidad lo hay, es un abogado/doctor/chef que trabaja 12 horas diarias y con quien a veces tengo sexo.
Tal vez por eso no entiendo a aquellas personas que temen quedarse solitarias y rodeadas de mascotas para llenar el vacío como si no existieran los amigos o las pasiones, ni tampoco entiendo a los que se hunden en la depresión porque terminaron con sus parejas. Sí, es difícil y doloroso, pero no es el fin de mundo, hay cosas más importantes que tirarte en tu cama a berrear más de lo debido. Por otro lado, puede ser fácil para mí decirlo porque nunca he pasado por un rompimiento trágico -y eso que he tenido relaciones caóticas- digo, sí le sufro un rato pero a los dos o tres días se me pasa y opto por ocuparme en cosas de mayor relevancia.
En sí el amor no es de gran prioridad en mi vida. Si termino casada con alguien que se desvive por mí y viceversa, qué chido y si no, también. No sé, simplemente esto del sentimentalismo no se me da, como que no estoy diseñada para esto de las relaciones amorosas y aunque algunos me han dicho que es miedo a ser lastimada, lo he analizado y no. No me importa si me lastiman porque eso siempre pasa, es más bien que soy egoísta y no estoy dispuesta a compartir el trono en un mundo que yo he construido. Eso.