19 enero 2010

Anécdota enfermiza

Me deprimo.
La comida apenas sabe, no dan ganas de comer. Los pulmones duelen de tanta tos. La cara duele de tanto estornudar. Bañarse está prohibido y salir ni se diga, mas que para sacar al perro. Y peor si se anda sin zapatos "¡10 Aves Marías y 20 Padres Nuestros!". Pero el señor Benzonatato viene cada 8 horas con sus perlitas y destapa mi miseria. Snif de alegría. Tampoco me olvido de usted señor Broncolín.
Mi madre dice que es producto del estrés del pseudo-fraude del que fui víctima esta semana. Bueno, después de haberte metido la superación personal por el culo para depurarte con un contrato condicionado ¿quién no se sentiría mal? Sin embargo, las experiencias ayudan buenas o malas, ¡sí, señor! qué razón tenía mi abuela: "Hay que sacarle jugo a todo, hasta las cebollas". Y aunque esta cebolla me hizo llorar no creo que haya sido eso lo único que me enfermó. Yo pedí un deseo y se me cumplió tarde pero temprano. Todos los inviernos me enfermo y el invierno en que eso no suceda morirá un perrito y saldrá en las noticias.
En la otra mano, ya entro a la escuela dentro de dos semanas y este semestre llevaré una materia que me enseñará a hacerle la vida miserable a mis alumnos (cuando tenga) ¡Mua-ja-ja!, además de que será impartida por la maestra que más admiro en el mundo. Suspiro prolongado.
Por cierto, una parte de mí extraña escribir ensayos (wtf?!)

1 comentario:

von dijo...

me dio risa tu anecdota, eso me hace mala persona? mm no lo creo, saludos y espero te sientas mejor