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02 enero 2010

Compañía de Suicidos, S.A. de C.V.

No sé si la mala experiencia de estas fechas de fin de año le pegó fuerte a mi subconsciente o si comí demasiados romeritos, pero esto fue soñado la madrugada del 1 enero del año nuevo. ¿Fue una indirecta, subconsciente? ¿Por eso últimamente me has hecho escuchar música deprimente a madres y escribir mierdas emo? Además creo que interviene el hecho de haber leído El club de los suicidas de R.L. Stevenson (aunque tiene mil años que lo leí...)

.....

Bienvenu! Bienvenu! Pasad a mi despacho, por favor. Tomad asiento, si os place. ¿Qué le trae por aquí? ¡Oh, pero qué pregunta es esa, si es más que obvio! Disculpe por la tardanza pero es que en estas épocas del año estamos completamente saturados. Usted sabe: la crisis económica, la sobrepoblación, la falta de esperanza, LA DEPRESIÓN, pero eso sí, siempre dispuestos a ayudar al que más lo necesite. ¿Ya le dijeron cómo es el proceso? ¿No? Bueno, ahora mismo se lo explicaré, pero primero, ¿ya checó los paquetes que tenemos? Mire éste, cuenta con una cápsula de cianuro extra en caso de que la primera no funcione. ¿O qué tal éste? Le ofrece los edificios más altos de la ciudad con una caída mortal 100% garantizada y a un precio super económico, eh... Bueno, como si suicidarse fuera muy caro, ja ja. O si le gusta más lo natural también tenemos estos acantilados, fíjese que lugares tan preciosos...Oh, se decidió por el del ahorcado. Es usted de los pocos valientes, a la mayoría no les gusta el dolor prefieren morir sin darse cuenta. Los suicidios Sylvia Plath son de los más solicitados.

Antes que nada lo que tiene que hacer es llenar este formulario y firmar esta carta en la que nos excluya de toda responsabilidad en caso de que el intento fracase, y por el cual no habrá un reembolso. Por cierto, ¿piensa pagar en efectivo o con cheque? Efectivo ¡Perfecto! Así nos ahorramos problemas ¿verdad? Porque en estos tiempos, ya no se sabe. Muy bien, ahora procederé a hacerle algunas preguntas, ¿ok? Veamos... ¿Cómo supo de nosotros?...ajá... ¿Cuáles son sus razones para cometer suicidio?...ooh ya veo... está fatal ¿eh?... Mmmm... ¿Había intentado suicidarse anteriormente?... ¿Cuántos intentos?¿Qué métodos utilizó?...mmhm... Por último y más importante, ¿su decisión es segura? ¿Podemos confiar plenamente en que no se arrepentirá al último momento? Porque de ser así, tampoco habrá reembolso, además de que hay otras personas esperando su turno y eso nos haría perder tiempo valioso ¿lo entiende, verdad? Sin embargo, sólo para asegurarnos firme esta otra carta. Con sus iniciales en la esquina superior derecha, por favor. ¡Excelente! Eso es todo por ahora. Desde este momento lo único que usted tiene que hacer es esperar. Recuerde que una vez cerrado el trato tiene enteramente prohibido mantener contacto con el exterior, debe permanecer en casa hasta que uno de nuestros agentes lo busque, quien se presentará dentro de 3 a 5 días hábiles, es entonces que se llevará a cabo el cometido ¿de acuerdo? De acuerdo.

Bueno, fue todo un placer haber hecho negocios con usted, déjelo todo en nuestras manos. Vaya a casa, tómese una botella de su licor preferido, fúmese cajetillas de cigarros enteras, escriba poemas, y no olvide mirarse siempre al espejo para recordarse a sí mismo lo miserable que es. Buenas tardes y
adieu pour toujours!

29 mayo 2009

Objetos Perdidos

-¡Vamos, encuéntrala!

El perro se paseaba por todos lados, pasando su nariz por todos los rincones posibles: sobre las alfombras, debajo del escritorio, detrás de la lavadora, entre las macetas, pero nada. Correteaba por toda la casa ansiosamente como un niño pequeño que busca a su mamá, desesperado se metía una y otra vez en el mismo cuarto buscando entre la ropa sucia y las sábanas enrolladas sin éxito alguno. Hasta me había puesto esa mirada clemente que suele hacer y le queda tan bien cuando quiere que le dé de mi comida para que le abriera las puertas de los armarios. Nada. Olfateaba y olfateaba sin cansarse. Atrás de las cortinas y dentro de los botes de basura llenos de envolturas de dulces. Su frustración iba en aumento, soltó un sollozo agudo y profundo para decirme que se rendía, al menos así lo interpreté. Con la cabeza baja, que parecía de algodón, se dirigió cansado hacia donde estaban sus platos para tomar un poco de agua. Creí que se tiraría en el piso completamente resignado a esperar a que Andy saliera por su cuenta, pero continuó, aunque con menos ganas con las que había empezado. Ya habían pasado veinte minutos de la búsqueda, y ni siquiera yo sabía dónde estaba.

-¡¿Andy?! –grité desde el pasillo. El eco de mi voz fue solamente recibido por los muros y respondido por el silencio.

Esta vez era yo quien retomaba la búsqueda. Pasaba por los mismos rincones por donde había pasado el perro mientras decía: “¡Andy, sal! El juego ya se acabó”. Silencio. Intrigante silencio. No sabía si estaba más molesta que preocupada, pero sentía el temor alojado en mi garganta impidiéndome llamarla con claridad. “Deja de hacerte la payasa que no es divertido”. Abrí de nuevo los armarios para buscarla entre la ropa colgada, mas sólo encontré el olor a suavizante. Debajo de las camas camuflada por los zapatos y los montones de cajas llenas de recuerdos olvidados. Busqué en la montaña de ropa sin doblar, detrás del refrigerador, y hasta en la parte de arriba del librero, pero su ausencia era la única presente. Al igual que el perro decidí abandonar la misión y dejar que Andy saliera cuando le diera la gana. En eso, recordé el lavabo para lavar la ropa y que nunca se usó pero había muchas cubetas debajo de él y probablemente ella estaría ahí riéndose dentro de su álamo improvisado. Cuando llegué las cubetas estaban todas dispersas y no había nadie riéndose, entonces sentí algo. Algo fuera de lugar. Miré hacia el boiler que estaba a lado, no tenía nada en particular, pero algo no cuadraba. Eso mismo hizo que por alguna razón mi vista se fuera hacia arriba. La malla de alambre que habíamos puesto en ese hueco de pared para que no entraran las palomas estaba casi completamente desprendida como una débil hoja de otoño. Un viento frío e intruso irrumpía para decirme lo que yo ya sabía…

Andy se había ido.

09 enero 2008

The dragon in the castle

There's no time for running out
from our enemies' bad tricks
in my early years of living
nobody scared me the most

My only brother has
turned against me for
beating up the door
let's go to the cupboard

And when you finally found us
you realized someone's missing
you were the dragon in my castle
and it's time for you to go...