29 mayo 2009

Objetos Perdidos

-¡Vamos, encuéntrala!

El perro se paseaba por todos lados, pasando su nariz por todos los rincones posibles: sobre las alfombras, debajo del escritorio, detrás de la lavadora, entre las macetas, pero nada. Correteaba por toda la casa ansiosamente como un niño pequeño que busca a su mamá, desesperado se metía una y otra vez en el mismo cuarto buscando entre la ropa sucia y las sábanas enrolladas sin éxito alguno. Hasta me había puesto esa mirada clemente que suele hacer y le queda tan bien cuando quiere que le dé de mi comida para que le abriera las puertas de los armarios. Nada. Olfateaba y olfateaba sin cansarse. Atrás de las cortinas y dentro de los botes de basura llenos de envolturas de dulces. Su frustración iba en aumento, soltó un sollozo agudo y profundo para decirme que se rendía, al menos así lo interpreté. Con la cabeza baja, que parecía de algodón, se dirigió cansado hacia donde estaban sus platos para tomar un poco de agua. Creí que se tiraría en el piso completamente resignado a esperar a que Andy saliera por su cuenta, pero continuó, aunque con menos ganas con las que había empezado. Ya habían pasado veinte minutos de la búsqueda, y ni siquiera yo sabía dónde estaba.

-¡¿Andy?! –grité desde el pasillo. El eco de mi voz fue solamente recibido por los muros y respondido por el silencio.

Esta vez era yo quien retomaba la búsqueda. Pasaba por los mismos rincones por donde había pasado el perro mientras decía: “¡Andy, sal! El juego ya se acabó”. Silencio. Intrigante silencio. No sabía si estaba más molesta que preocupada, pero sentía el temor alojado en mi garganta impidiéndome llamarla con claridad. “Deja de hacerte la payasa que no es divertido”. Abrí de nuevo los armarios para buscarla entre la ropa colgada, mas sólo encontré el olor a suavizante. Debajo de las camas camuflada por los zapatos y los montones de cajas llenas de recuerdos olvidados. Busqué en la montaña de ropa sin doblar, detrás del refrigerador, y hasta en la parte de arriba del librero, pero su ausencia era la única presente. Al igual que el perro decidí abandonar la misión y dejar que Andy saliera cuando le diera la gana. En eso, recordé el lavabo para lavar la ropa y que nunca se usó pero había muchas cubetas debajo de él y probablemente ella estaría ahí riéndose dentro de su álamo improvisado. Cuando llegué las cubetas estaban todas dispersas y no había nadie riéndose, entonces sentí algo. Algo fuera de lugar. Miré hacia el boiler que estaba a lado, no tenía nada en particular, pero algo no cuadraba. Eso mismo hizo que por alguna razón mi vista se fuera hacia arriba. La malla de alambre que habíamos puesto en ese hueco de pared para que no entraran las palomas estaba casi completamente desprendida como una débil hoja de otoño. Un viento frío e intruso irrumpía para decirme lo que yo ya sabía…

Andy se había ido.

1 comentario:

Unknown dijo...

Complain? not really I'd read it before!! but I like it... It has just the line of macabre story that I enjoy reading!
xoxoxox