07 julio 2011

La tragedia de la botella.


Muy pocos lo notan, muy pocos lo saben, pero es verdad. Sabes que tu especialidad es el auto-boicot. Buscas drama donde no hay más que migajas. Tu meta es hacerte la vida una tragedia, no a la griega porque no hay oráculos que te predestinen ni Sófocles que estén dispuestos a narrar tu irrelevante historia. Entonces te tienes que encargar de todo tu sola.

Nadie te ha visto hacer un berrinche. Gritarle a otros envuelta en lágrimas no es lo tuyo, tampoco azotar cosas contra la pared. Oye, no tiene la culpa de tus desbalances. Todo ocurre en tu mente y ahí se queda. Por fuera ni te inmutas. Eres pasiva. Vale madres para los demás. Sí, la indiferencia es un juego en el que sabes ganar. No obstante, en el fondo estás consciente de que no te vale madres. Te duele. Te molesta. Te hace querer hacerle la vida imposible a todos. Desgraciadamente, el problema es tu torpeza para expresar tus emociones. No discutamos eso ahora. Recuerdas que una vez alguien que solía ser cercano a ti te escribió en la última hoja de tu cuarderno: "Eres una botella de cristal puesta en un estante esperando a que alguien llegue y la abra pero ese alguien debe tener mucho cuidado porque si la rompe cosas muy malas pueden suceder". Así mero. Pinches botellas que se rompen al menor movimiento.

¿Mas no es por esa razón que escribes? ¿Para compensar tus pobres habilidades sociales y emocionales? ¿Para recordarte a ti misma que no eres ni un iceberg ni un robot? Todo esto es un embudo cerebral para los dramas que te tienes bien guardados. Bajo llave y candado. Aquí nadie te dice nada. Excepto tú misma cuando te relees y piensas: "Ay, qué mamada".

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